31 Julio - Pero Dios…
Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el Señor y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. – Salmo 2:2-4.
Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. – 1 Pedro 5:5.
Durante la segunda guerra mundial, jóvenes cristianos habían desplegado una gran banderola a la entrada de una vieja casa en Berlín con dos sencillas palabras: «Pero Dios…». Por supuesto, rápidamente los nazis sacaron la inscripción. Hoy, en esa casa se ha fijado una placa en recuerdo de la valentía y la fe de esos cristianos.
Dios mismo opone su poderoso pero a los soberbios que se alzan contra él. Por un tiempo parecen triunfar, mas su ruina llega súbitamente (Salmo 73:18-19). Dios es poderoso para “humillar a los que andan con soberbia”, reconoció Nabucodonosor, el más poderoso monarca de la época babilónica (Daniel 4:37).
Sí, un día Dios juzgará toda forma de mal e igualmente a todos los hombres que se atrevan a desafiarle. Lo hará abierta y definitivamente. Hoy en día es el tiempo de su paciencia, el del “pero” de la gracia divina. Efectivamente, después de haber recordado que estábamos muertos “en nuestros delitos y pecados”, el apóstol Pablo afirma: “Pero Dios… es rico en misericordia” (Efesios 2:4). Hoy debemos aceptar la Palabra del Dios que nos ama. Es necesario que sin tardar nos arrepintamos ante Dios reconociendo nuestros pecados. Ahora es el tiempo de confiar en él y conocerle como nuestro Padre en Jesús.
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06 Marzo - ¿Cansado?
(Dios) multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas… los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas. – Isaías 40:29, 31.
Mientras él me hablaba, recobré las fuerzas. – Daniel 10:19.
Está cansado, usted que sufre en su cuerpo y en su espíritu; usted, madre de familia que trabaja desde la mañana hasta la noche en quehaceres que quizá le parezcan repetitivos y poco gratificantes; usted que va a clase o está en la oficina, en la empresa, en un servicio en que el ambiente es estresante y malsano; cansado por la presión del mundo y sus tentaciones.
Está cansado porque sus negocios marchan mal o ha fracasado, está cansado por las enfermedades, por el celibato, la soledad o las tensiones de la pareja, la familia, la iglesia…¡Yo también estoy cansado, y no es mi culpa! ¿De veras es esto cierto?
Evidentemente, no puedo influir en las causas exteriores, en las circunstancias o en los demás, pero puedo buscar ayuda junto a Jesús. Si nos acercamos a él, tenemos la seguridad de gozar de su simpatía y comprensión.
Él también conoció el cansancio en los polvorientos caminos de Palestina, cuando estaba expuesto a la incomprensión y era el blanco del desprecio y de la insensibilidad, aun de sus allegados. Pero cuando encontraba la más fuerte oposición, hallaba su fuerza y su gozo en Dios su Padre. Entonces podía decir a todos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
El reposo del alma y la felicidad no se pueden hallar fuera de Dios y de Jesucristo.
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