La que Ardía era su Casa.

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Las Condiciones de Dios.

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23 Marzo - La celebración de la Pascua

Determinaron hacer pasar pregón por todo Israel, desde Beerseba hasta Dan, para que viniesen a celebrar la pascua al Señor Dios de Israel, en Jerusalén; porque en mucho tiempo no la habían celebrado al modo que está escrito. – 2 Crónicas 30:5.

El versículo de la fecha habla de la celebración de la Pascua por el Rey Ezequías. ¿Por qué el pueblo de Dios había dejado de celebrar la Pascua durante tanto tiempo? ¿Fue algo casual o una lenta decadencia del pueblo que Dios había sacado de la esclavitud?

Cuando se trata de un acontecimiento repentino, primero uno se asusta, luego reflexiona y actúa lo mejor que puede. Pero este no fue el caso en aquel entonces, después del tiempo floreciente de Israel. Así ocurrió también con la decadencia del cristianismo. Ésta empezó desde el primer siglo y ha proseguido hasta hoy; no fue algo que sobrevino de repente.

No se puede tomar la Cena en cualquier parte, donde nos parezca bien. Según el pensamiento de Dios, sólo existe un lugar donde puede ser celebrada. En el tiempo del Antiguo Testamento era un sitio geográfico: Jerusalén. Hoy, en el tiempo de la gracia, es un «espacio espiritual»: allí donde el Señor Jesús tiene toda autoridad y todos los derechos mediante su Palabra y su Espíritu, es decir, en su “mesa” (1 Corintios 10:21).

El lugar donde Dios quería morar en el Antiguo Testamento corresponde hoy a aquel donde los creyentes se reúnen en el nombre del Señor Jesús (Mateo 18:20), se inclinan ante su Palabra y se dejan guiar por el Espíritu Santo. Lector, busque este lugar y responda al deseo del Señor: “Haced esto en memoria de mí”.

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9 Enero - ¿Qué actitud adopta frente a la Biblia?

Respondió Jesús:… De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. – Juan 8:49 y 51.

El que me ama, mi palabra guardará… El que no me ama, no guarda mis palabras. – Juan 14:23-24.

En 2 Crónicas 34 leemos cómo durante los trabajos de restauración del templo de Jerusalén, más de 600 años antes de Jesucristo, un sacerdote volvió a encontrar el libro de la ley dada por medio de Moisés y lo hizo llevar al rey. Éste quedó estupefacto al enterarse de los juicios que iban a caer sobre la nación infiel a su Dios. La situación era crítica. El rey reunió al pueblo, desde el más grande hasta el más chico, para que se les leyeran en voz alta todas las palabras del libro. Se humillaron por su pecado y pidieron la protección divina. Dios suspendió el juicio por un tiempo.

Algunos años más tarde (Jeremías 36), otro rey rasgó con un cortaplumas el libro que el profeta le había hecho entregar y lo echó en el fuego del brasero que se hallaba en la habitación. Con este gesto irreflexivo y provocador el rey pensaba escapar de los juicios anunciados, que empezaron a ser ejecutados en su tiempo por el rey de Babilonia (2 Reyes 24 y 25).

Existen dos actitudes posibles frente a la Biblia. La primera es la fe: se cree que es verdaderamente la Palabra de Dios. Entonces uno se arrepiente y se coloca bajo la autoridad del Señor y de sus palabras. La segunda es el rechazo o la indiferencia. Rechazar el libro de Dios es despreciar a Dios mismo. La actitud de una persona frente a la Escritura condicionará su vida entera… y decidirá dónde pasará la eternidad.

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