11 de Junio - ¿Por qué darle un nombre?

¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable? – Jueces 13:18.

Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. – Isaías 9:6.

Durante una conversación con una vecina acerca de problemas familiares, llegué a pronunciar el nombre de Dios. Ella parecía interesada, abierta, sin embargo me respondió: –¿Por qué darle un nombre? Le habría gustado hablar de Dios sin darle un nombre, mencionarle como una influencia o un poder que penetra en todas las cosas, pero que no se halla en ninguna parte. De hecho, sin darse cuenta, no aceptaba que Dios fuera una persona.

Tal creencia no corresponde en absoluto a lo que dice la Biblia. Ella nos revela al Dios viviente: el que piensa y obra, crea, juzga y justifica. El Dios que hace milagros es el Todopoderoso. De aquel que no envejece y cuyas bondades no cesan se dice: “Pero tú eres el mismo” (Salmo 102:27). El que domina todo el universo y por todas las edades es el Dios Altísimo. Cuando ciertos hombres empezaron a buscar a Dios porque comprendieron su condición de seres mortales, invocaron el nombre de Jehová, el “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14).

Aquel que Jesucristo nos dio a conocer (el Padre) es el mismo que nos ama, nos perdona y nos adopta como sus hijos. Es el Dios de amor y luz, aquel que podemos amar y a quien cada creyente puede decir: “Dios, Dios mío eres tú” (Salmo 63:1).

 Descargar MP3 (3 MB | 3:12 min)

Comentarios

Escriba un Comentario

No audio file allowed