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Unción


Unción

       Las tres veces que aparece en el NT, es decir, 1 Jn. 2.20, 27 (dos veces), se traduce el griego jrisma como "unción". Los cristianos que, en virtud de su "unción" (versículos 20, 27), tienen la facultad de discernir cismas (versículo 19) y herejías (negación de la encarnación, versículo 22) son exhortados a adherir al mensaje apostólico (versículo 24), lo cual los llevó a confesar al Padre y al Hijo.

       Gramaticalmente "unción" es (a) "lo que se unta"; o (b) "la acción de ungir; pero en cualquier caso la palabra se refiere al don del Espíritu Santo, del que el bautismo es la señal exterior, y cuya recepción sensible, que conduce a la conciencia de peligros para la iglesia, es la consecuencia de la verdadera fe encarnacional. Esta exégesis es compatible con la creencia de que el ungimiento del Espíritu lleva a la profecía oral en el seno de la iglesia, aunque no la prueba necesariamente.

 

 

Ungimiento, Ungido

       En el AT se ungía a las personas y las cosas, para significar santidad, o separación para Dios: columnas o piedras (Gn. 28.18); el tabernáculo y sus muebles (Ex. 30.22ss); escudos (2 S. 1.21; Is. 21.5: probablemente para consagrarlos para la "guerra santa", véase Dt. 23.9ss); reyes (Jue. 9.8; 2 S. 2.4; 1 R. 1.34); sacerdotes (Ex. 28.41); profetas (1 R. 19.16).

       La importancia y la solemnidad del ungimiento se ve, primero, en el hecho de que preparar el aceite santo para fines comunes constituía una ofensa digna de excomunión (Ex. 30.32–33); segundo, por la autoridad que confería, a tal punto que, por ejemplo, mientras los otros jefes, compañeros de Jehú, se burlaban del profeta, tildándolo de "loco", no se atrevieron a resistir las consecuencias de su acción, sino que aceptaron sin titubeos que el que había sido ungido como rey debía en efecto ser rey (2 R. 9.11–13); tercero, por el efecto que producía en el ungido, la persona o cosa que de este modo se hacía santa (Ex. 30.22–33) y sacrosanta (1 S. 24.7).

       Fundamentalmente el ungimiento era un acto de Dios (1 S. 10.1), y la palabra "ungido" se usaba metafóricamente para significar el otorgamiento del favor divino (Sal. 23.5; 92.10) o la designación para ocupar un lugar especial o cumplir una función especial en los propósitos de Dios (Sal. 105.15; Is. 45.1). Más aun, el ungimiento simbolizaba capacitación para el servicio, y se asocia con el derramamiento del Espíritu de Dios (1 S. 10.1, 9; 16.13; Is. 61.1; Zac. 4.1–14). Este uso se traslada luego al NT (Hch. 10.38; 1 Jn. 2.20, 27).

       El uso de aceite para ungir enfermos (Stg. 5.14) se entiende mejor si se considera que tiene el sentido de señalar al Espíritu Santo, el dador de la vida. O, siguiendo el modelo veterotestamentario de separar a los reyes por medio del ungimiento, el aceite podría significar el apartamiento de la enfermedad, separándola del paciente y entregándola a Cristo (Mt. 8.17).

 

 

Ungüento

       Del hebreo mirqah\at_, sûemen; y del griego myron. La preparación de ungüentos de diversos tipos estaba muy difundida en todo el antiguo Cercano Oriente. Su uso principal era cosmético en carácter, probablemente tuvieron su origen en Egipto. En los sitios arqueológicos palestinos se han encontrado, en cantidades considerables, cajas de tocador, de las que formaban parte los recipientes de alabastro para ungüentos.

       Aparentemente los egipcios encontraron que la aplicación de ungüentos resultaba suavizante y refrescante. Tenían la costumbre de colocar pequeños conos de ungüento perfumado sobre la frente de los huéspedes en las fiestas. El calor corporal gradualmente derretía el ungüento, que corría por la cara y goteaba sobre la ropa, produciendo un perfume agradable. Esta práctica fue adoptada por los semitas (Sal. 133.2), y siguió practicándose en la época del NT (Mt. 6.17; Lc. 7.46).

       Otros pueblos de la antigüedad siguieron a los egipcios en el uso de los ungüentos aromáticos para ocultar el olor de la traspiración. En otras ocasiones se usaban juntamente con los cosméticos en los procedimientos de tocador personales. Los ungüentos los preparaban los boticarios (2 Cr. 16.14), los perfumadores (Ex. 30.35), como también los sacerdotes o ciertos individuos privados, valiéndose de una gran variedad de sustancias aromáticas.

       El ungüento para las unciones sagradas (Ex. 30.23–25) establecido para el uso de los ritos del tabernáculo debía prepararse según el arte del perfumador. Comprendía aceite de olivas, mirra, canela, cálamo y casia; los ingredientes sólidos probablemente se pulverizaban y hervían en el aceite de olivas (Job 41.31). La manufactura de este preparado por personas no autorizadas estaba estrictamente prohibida (Ex. 30.37–38).

       Los ungüentos se conservaban mejor en recipientes de alabastro. Bajo tales condiciones mejoraban con el tiempo y se volvían muy valiosos después de un número de años. Así, el vaso de alabastro con ungüento mencionado en los evangelios (Mt. 26.7; Mr. 14.3; Lc. 7.37) era muy costoso y contenía nardo (Nardostachys jatamansi). Esta hierba, relacionada con la valeriana, se importaba del Norte de la India y la usaban mucho los hebreos y los romanos por igual para ungir a los muertos. El adjetivo calificativo pistikeµ en Mr. 14.3 y Jn. 12.3 quizá signifique "líquido" o "genuino" ("auténtico", "puro").

       Los ungüentos se empleaban con sentido cuasi sacramental cuando se consagraba a un nuevo rey. Así, Samuel ungió a Saúl (1 S. 10.1), Elías ungió a Jehú (2 R. 9.3), y Joiada ungió a Joás (2 R. 11.12). Los pastores palestinos preparaban un ungüento de aceite de olivas que frotaban sobre la cabeza de las ovejas cuando sufrían contusiones (Sal. 23.5). En tiempos del NT con frecuencia se ungía a los enfermos en un rito religioso (Stg. 5.14). Se usaban ungüentos perfumados con mirra para ungir a los muertos (Lc. 23.56; Mr. 14.8).

 

 

Redoma

       Del hebreo pak_, ‘frasco’.  Samuel usó una redoma cuando ungió a Saúl (1 S. 10.1), y lo mismo uno de los hijos de los profetas cuando ungió a Jehú (2 R. 9.1, 3). Es posible que las jarras de cuello estrecho encontradas en sitios correspondientes a la edad del hierro hayan sido conocidas con el nombre de pak_, pero el vocablo fakos de la LXX, en forma de lenteja, sugiere un frasco lenticular con dos asas, de fecha similar.

 

 

 

Nota:
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