Prologo Apologético del Autor.

No fue mi plan, cuando tomé la pluma para empezar la obra que te ofrezco, hacer un libro tal; no, me propuse escribir una cosa de otro género, la cual, estando casi concluida, esta empezaba, sin fijarme en ello.

Y era que al escribir sobre el camino por donde van los santos de este tiempo empleé con frecuencia alegorías sobre la senda que conduce al cielo, en más de veinte cosas que narraba, y otras tantas después se me ocurrieron. Brotaban de mi mente estas figuras como chispas sin número del fuego, y dije: Si tan pronto aparecéis, en orden os pondré con justo método, no vayáis a llegar a lo infinito, y a consumir el libro ya compuesto. Lo hice así; mas no me proponía mostrar al mundo mis escritos nuevos; lo que pensaba yo, no lo sabía; sólo sé que no tuve por objeto buscar de mis vecinos los aplausos, sino dejar mi gusto satisfecho.

En componer el libro mencionado sólo empleé de vacación el tiempo, por apartar mi mente, al escribirlo, de importunos, ingratos pensamientos.

Así con gran placer tomé la pluma, y pronto consignaba en blanco y negro las ideas venidas a mi mente, sujetas todas al fijado método, hasta tener la obrita, como veis, su longitud, su anchura y su grueso.

Cuando estaba mi libro terminado, a varios lo mostré, con el intento de ver de qué manera lo juzgaban: unos, Viva; otros, Muera, me dijeron. Unos me dicen: “Juan, imprime el libro.” Otros me dicen: “No.” Según criterio de varios, puede hacer un beneficio; otros opinan con distinto acuerdo.

En esta variedad de pareceres, yo me encontraba como en un estrecho, y pensé: Pues están tan divididos, lo imprimiré, y asunto ya resuelto.

Porque —pensaba yo— si unos lo aprueban aunque otros avancen en canal opuesto, con publicarlo se somete a prueba y se verá quién tiene más acierto. Y pensaba también: Si a los que quieren tener mi libro, a complacer me niego, no haré más que impedirles lo que puede ser un placer muy grande para ellos. A los que no aprobaban su lectura les dije: Al publicarlo no les ofendo; pues hay hermanos a los cuales gusta, aplazad vuestros juicios para luego.

¿No lo quieres leer? Déjalo: algunos comen carne, mas otros roen el hueso, y por si puedo contentar a todos, a todos hablo en los siguientes términos:

¿No conviene escribir en tal estilo? ¿Por escribir en él, acaso dejo de hacerte bien cual yo me proponía? ¿Por qué tal obra publicar no debo? negras nubes dan lluvia, no las blancas. Más si unas y otras a la vez llovieron, la tierra con sus plantas las bendice, sin lanzar a ninguna vituperio, y recoge los frutos que dan ambas sin distinguir de dónde procedieron. Ambas convienen, cuando está la tierra estéril por falta de alimento; más si está bien nutrida, las rechaza porque ya no le sirve de provecho. Leer Mas »