20 de agosto de 2010

Capítulo 27 – 2ª a los Corintios 8 y 9. Un Bosquejo de Sermón usando Principios de Gracia en el Dar.

Por admin - Vie ago 20, 6:40 pm

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Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre (2 Cor. 9:7).

Obviamente, las necesidades financieras de la joven iglesia del nuevo pacto eran muy grandes. Mientras menos tiempo tuvieran que pasar en en su oficio para ganarse la vida, más tiempo podían pasar difundiendo el evangelio. Aquellas asambleas participaban activamente en la tarea más importante que jamás se le asignara a la humanidad – la difusión del evangelio de Jesucristo. Aunque los misioneros sí necesitaban ayuda financiera, hay que recordar que esto era principalmente porque escogieron ser pobres y merecían la ayuda.

Hechos 14:23 Y constituyeron ancianos en cada iglesia …
Tito 1:5 Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé.

No había un solo “anciano” o “supervisor”, sino muchos en cada ciudad y en cada reunión hogareña donde se estudiaba la Biblia y se predicaba (Hechos 11:30; 14:23; 15:4, 6, 23; 16:4; 20:17; Tit. 1:5; Sant. 5:14; 1 Ped. 5:1, 5). Habría sido imposible proporcionar sostenimiento a tiempo completo a los muchos ancianos de las iglesias hogareñas.

2 Corintios, capítulos 8 y 9, detallan cómo el apóstol Pablo usó principios evangélicos para conseguir sostenimiento para los santos pobres de Jerusalén. Sin embargo, no hay ninguna indicación de que el apoyo estaba siendo recogido para salarios de los misioneros o para el sostenimiento de los oficiales de la iglesia.

Uno: Dar es totalmente “de gracia” en la iglesia.

Ningún otro capítulo de la Biblia usa la palabra “gracia” más a menudo que 2 Corintios, capítulo 8! Thayer define “gracia” como “lo que proporciona gozo, placer, deleite, dulzura, encanto, y belleza” (113). ¡Qué abundante palabra para que Dios la aplique al dar! Por ejemplo, los que dan para la obra de Dios reciben en realidad de la gracia de Dios. Dios nos da gracia para dar, y luego Dios nos da más gracia cuando damos.

A: “La GRACIA de Dios que se ha dado” (8:1).
B. “La GRACIA de compartir” (griego); “favor” (NAS); “privilegio” (NIV); “don” (KJV) (8:4).
C. “Obra de GRACIA” (NAS), “esta GRACIA de dar” (NIV) (8:6).
D. “Obra de GRACIA” (NAS), “esta GRACIA de dar” (NIV) (8:7).
E. “la GRACIA de nuestro Señor Jesucristo” (8:9).
F. “Pero GRACIAS sean dadas a Dios” (griego); “gracias” (8:16).
G. “Esta GRACIA” (griego) (KJV); “ofrenda” (NIV); “esta obra de gracia” (NAS) (8:19).
H. “Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia” (9:8).
I. “La superabundante gracia de Dios en vosotros” (9:14).

Todos los textos anteriores describen la relación de los cristianos con la gracia y el dar. Es una gracia de Dios y se basa en el ejemplo de Cristo. En contraste con la ley que ordenaba dar, el dar del nuevo pacto es gracia de principio a fin. Es una acción que comparte. Regresa al dador porque nadie puede dar más que Dios.

Dos: Darse a Dios primero.

Puesto que un incrédulo no está motivado para dar, usted primero debe aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. “A sí mismos se dieron primeramente al Señor” (8:5). Mientras uno no ingrese a la familia de Dios por medio de la conversión, todavía está bajo condenación y la gracia no puede gobernar su vida.

Tres: Darse al conocimiento de la voluntad de Dios.

Un cristiano tiene que buscar la voluntad de Dios y rendirse a ella. “Primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (8:5). Concerniente a la cuestión de dar, debemos tratar de conocer la voluntad de Dios en nuestras vidas en esta área como en cualquier otra área de nuestras vidas. En el contexto, “se dieron a nosotros” significa que estuvieron de acuerdo con la solicitud de Pablo para aliviar la hambruna de los santos en Judea.

Cuatro: Darse en respuesta a la dádiva de Dios.

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (8:9). “¡Gracias a Dios por su don inefable!” (9:15).
Los cristianos que se rinden a la voluntad de Dios, apresurándose a conocer la palabra de Dios, y están llenos del Espíritu Santo, están siendo cambiados día tras día para seguir el ejemplo de Cristo. Este ejemplo incluye todas y cada una de las partes de sus vidas, incluyendo el dar.

Cinco: Dar con un corazón sincero.

“Para probar la sinceridad de vuestro amor” (v. 8). Pablo les recordó que, en el pasado, ellos fueron los primeros en “querer dar y en hacerlo” (v. 10). “Si primero hay una voluntad dispuesta” (v. 12) subraya nuevamente el deseo. Este principio se repite en el capítulo 9, versículo 7, “como propuso en su corazón”. Un creyente que está en la voluntad de Dios tendrá naturalmente ese deseo sincero de dar.

Bajo la ley, un sincero deseo era el motivo de las ofrendas voluntarias, pero no importaba concerniente a los diezmos. Dios ordenaba un diezmo y esperaba recibirlo, hubiese sido dado con un deseo sincero o no. Los levitas y los sacerdotes todavía no tenían herencia y todavía merecían sus porciones bajo las condiciones del pacto antiguo.

Seis: Dar, pero no a causa de un mandamiento.

“No hablo como quien manda” (8:8). “No les estoy ordenando” (NIV). “Y en esto doy mi consejo” (8:10). “Que cada uno dé … no de mala gana ni por necesidad”, “no de mala gana, ni por obligación” (NAS) (9:7); “según Dios le haya prosperado”.
Por estas referencias, queda claro que no hay ninguna indicación de ninguna obligación, exigencia, ni mandamiento para que se dé bajo el principio de gracia.

Scofield escribió acerca de 2 Corintios 8 y 9: “En contraste con la ley, que imponía el dar como un requisito divino, el dar cristiano es voluntario, y una prueba de sinceridad y amor” (114). Chafer concuerda: “El principio de gracia contrasta con el sistema legal de diezmo en el Antiguo Testamento. … El diezmo ha sido reemplazado por un nuevo sistema de dar, que está adaptado a las enseñanzas de la gracia. … Bajo la gracia, Dios no busca el don, sino una expresión de devoción por parte del dador. Bajo la gracia, no se impone ninguna ley, y no se estipula ninguna proporción” (115).

Bajo el nuevo pacto, el cristiano obedece a Dios porque tiene una nueva naturaleza, es una nueva creación, y el Espíritu Santo es su maestro. “Al decir: ‘Nuevo pacto’, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Heb. 8:13). El “mandamiento” de dar ahora ha sido reemplazado por el “sincero deseo” de una nueva creación. El cristiano da espontáneamente porque el deseo de dar es parte de la nueva creación.

Siete: Dar hasta donde se pueda, o aun más allá de nuestra capacidad.

“Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas” (8:3). “Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo ….así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis” (8:11). “… será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene” (8:12). “Cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Cor. 16:2).

Mayordomos conformados a la gracia, de Rhodes Thompson, dice: “Otro descubrimiento se revela ahora: La gracia de Dios demostrada en esas iglesias [en India] fue complementada por la respuesta voluntaria de la gente [cita 8:3]. ¡Exactamente! Ninguna respuesta legalista a la gracia asombrosa de Dios es apropiada. Por eso Pablo escribió [cita 9:7]. La gracia de Dios obviamente insta, pero no fuerza, a que se haga la decisión. Sin embargo, cuando la fe responde a la gracia, el poder de Dios que obra dentro de esa vida … o dentro de las iglesias … puede actuar mucho más abundantemente de lo que todas esas personas pueden pedir o pensar (Efe. 3:20). Lo que no podemos hacer ni siquiera imaginar que se pueda hacer, lo hace la gracia de Dios obrando por fe” (116).

Ocho: Dar para que haya igualdad.

2 Cor. 8:13 Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez,
2 Cor. 8:14 sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad. 1 Tim. 6:17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.
1 Tim. 6:18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos.

Mientras que otros simplemente son incapaces de dar mucho en absoluto, algunos pueden dar mucho más que el diez por ciento del pacto antiguo. Las circunstancias son diferentes de una familia a otra. Dios entiende. No olvidemos el dicho: “Lo poco es mucho si Dios está en ello”. Dios puede hacer más con las dos blancas de la viuda o la semilla de mostaza dados sinceramente que con millones dados para comprar su favor.
El principio de gracia de “dar en igualdad” se refiere a dar hasta donde se pueda. Esto no significa que todo el mundo ha de dar el mismo porcentaje. Significa que los que son prósperos deberían dar mucho más – hasta que realmente noten una arruga en su chequera – “¡Dar hasta que les duela!”. Cuando los que son prósperos dan más, y los que son pobres dan menos (pero todavía dan hasta donde pueden), los resultados son una “igualdad” según lo que cada uno puede dar.

Los principios de dar por gracia del nuevo pacto son justos; no han sido establecidos al mismo nivel legalista para todo el mundo. Mientras algunas familias tienen buenos ingresos y pocas cuentas por pagar, otras tienen bajos ingresos y muchas cuentas por pagar. Ejemplo uno: A una familia que da el diez por ciento de $200,000 le quedaría mucho más que a una familia del mismo tamaño que diera el diez por ciento de $20,000. Bajo las modernas definiciones de “diezmo”, esta es una injusta carga legalista. Ejemplo dos: Si cada una de dos familias ganara $40,000 y sólo una de ellas tuviera alojamiento gratuito, gastos pagados, y seguro, ¡deberían dar ambas la misma cantidad? Lo que sería una carga dar para una, la otra no la sentiría. Ejemplo tres: Si dos familias tuviesen el mismo ingreso y una de ellas tuviese agobiantes cuentas médicas, ¿espera Dios que ambas den la misma cantidad? Bajo los principios de gracia, la respuesta es “no”. ¡Pero la ley de los diezmos no hacía excepciones para los propietarios de tierras y no requería que los no propietarios de tierras y los artesanos diezmaran en absoluto! Estos ejemplos ilustran por qué los principios de gracia son superiores al diezmo. El diezmo nunca fue el principio “superior” que producía la mayor parte de los ingresos en el Antiguo Testamento.

No hay ningún mandamiento después del Calvario concerniente a “cuánto” dar. Dios no desea hacer que algunos se sientan “apretados” o “cargados” (KJV) a causa de ninguna culpa en cuanto a la cantidad que debe dar (8:13). La mayor carga de dar recae sobre los que pueden dar más (1 Tim. 6:17-18).

Nueve: Dar a causa de una carga por las almas perdidas.

Aunque no se menciona específicamente en estos dos capítulos, esta era, y debería ser, la razón de todo el dar espiritual. Cuando Pablo dijo: “Ay de mí si no predico el evangelio” (1 Cor. 9:16), se refería a su llamado y a la caga que sentía por las almas. Todo cristiano necesita una visión de parientes, amigos, y el mundo perdidos y moribundos en su camino hacia el infierno sin Cristo. Pero, el principio de diezmo del pacto antiguo en la ley no tenía ningún alcance evangelístico hacia el mundo perdido y los no hebreos alrededor. Por lo tanto, ¿cómo puede llamarse un principio superior cuando no produjo ninguna carga por los perdidos?

Diez: Dar alegremente.

2 Cor. 8:2 Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.

Los secretos de la abundante generosidad de las iglesias de Macedonia al dar incluían: (1) una gran prueba de aflicción, (2) gozo abundante, y (3) profunda tristeza. “En Cristo”, tenían abundante gozo, que no podía borrarse con ninguna persecución o pobreza. Fue esta gran alegría en el evangelio lo que les provocó a dar por encima y más allá de lo que se esperaba de hombres mortales. “Dios ama al dador alegre” (9:7). Los cristianos felices y gozosos son también cristianos que dan. Cuando se predica el evangelio, se perdonan los pecados, y se conoce la certeza de la salvación, la paz y el gozo de Dios transforman vidas y las prácticas de dar.

Once: Dar es el resultado del crecimiento espiritual.

No sólo dieron hasta donde pudieron, es decir, todo lo que podían, sino que dieron “más allá de su capacidad”, es decir, se privaron de algunas elementos básicos durante un tiempo (8:3). “Pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos” (8:4). ¡Esto es verdaderamente dar según el nuevo pacto en su mejor expresión!

¿Qué más podría pedir un pastor a su iglesia cuando se necesita dinero? La iglesia estaba realmente “rogando” (NAS) a Pablo que les permitiese dar más allá de lo que les permitían sus medios! “Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia [de dar]” (8:7). Dar es el resultado normal del crecimiento espiritual. El cristiano alimentado con el alimento espiritual correcto crece espiritualmente y da de acuerdo con su nueva naturaleza.

Doce: Dar produce más crecimiento espiritual.

“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (9:8). Dios también es “el que da semilla al que siembra, y pan al que come, y proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios” (9:10-11).

Cuando damos para la obra de Dios, él promete suplir nuestra “suficiencia”. Esto significa que él nos “suplirá” todo lo que “necesitamos”, en comparación con lo que “queremos”. El propósito de esta suficiencia es que entonces nosotros, a nuestra vez, “abundemos en toda buena obra”, es decir, continuemos haciendo la obra de Dios con esa suficiencia.

Fil. 4:15 “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos.
Fil. 4:19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

La maravillosa promesa de Filipenses 4:19 no es una promesa incondicional que los creyentes pueden reclamar. No podemos pasar por alto el contexto de los versículos 14-18. Pablo hace esta promesa particular sólo a los de Filipos porque habían suplido sus necesidades. ¡Los cristianos que rehusan contribuir a las necesidades del pueblo de Dios no tienen derecho a reclamar las prometidas bendiciones del versículo 19!

Dar es un círculo: Dios da primero, luego nosotros damos, después Dios da más, así que nosotros damos más. Las bendiciones espirituales dejan de fluir hacia nosotros cuando dejamos de ser bendiciones espirituales para los demás. Puesto que no podemos dar más que Dios, el círculo debe seguir expandiéndose para incluir a más y más personas! Nuestras necesidades (no las cosas que queremos) serán suplidas aquí en la tierra y los que dan acumularán bendiciones espirituales tanto aquí como en el cielo. Dios continuará enriqueciendo al creyente por toda la eternidad con él en el cielo.

Trece: Dar es el resultado de predicar el evangelio.

“… pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos” (9:13). El círculo regresa a su principio a la gracia de Dios y el evangelio. El texto NO dice “la obediencia que acompaña vuestra predicación y la práctica del diezmo”. Una iglesia que obedece los principios de gracia de dar será bendecida. Cuando Cristo es predicado (que es el gran don de Dios para nosotros), nos damos a nosotros mismos, y luego seguimos dando al sentir la carga de las almas perdidas. Nuevamente, ¡predicar a Cristo hace crecer la iglesia! Predicar el diezmo es predicar un “inútil” principio del pacto antiguo que ha sido abolido (Heb. 7:5), 12, 18). Mientras que las iglesias que predican el diezmo regularmente sin predicar a Cristo no crecerán, las iglesias que predican a Cristo regularmente sin diezmar crecerán. ¡Es así de simple!

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(113) Thayer, “charis”.
(114) Scofield, s.v. “2 Cor. 8 and 9″.
(115) Chafer, 253-54.
(116) Thompson, 113.

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  1. Excelente comentario y enseñanza.
    Me gustaría seguir recibiendo detalles de esa índole.
    Gracias por valiosa contribución.

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