Armadura de Dios.

Efesios 6: 10-17 nos dice “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios

Los versículos del 10–13 cuando dice fortaleceos quizá no exprese plenamente la fuerza del verbo en tiempo pasivo (“sed fortalecidos”). Una versión se acerca más al sentido al traducir “háganse fuertes en unión con el Señor”; y otra versión de la Biblia traduce, “llenaos de poder en el Señor”. El énfasis, por cierto, está puesto en el gran poder de Dios para esta lucha y, por lo tanto, Pablo ya había hecho comprender esta verdad central a sus lectores anteriormente en su oración por ellos (Ef. 1:19–2:10). Además de la fuerza divina de Dios, necesitarán la armadura completa (defensiva y ofensiva) que Dios provee, pero esta armadura resultará ser de Dios en el sentido adicional de que es la armadura que él viste al salir en juicio y salvación (Is. 59:17). Sólo esta clase de armadura podrá ser útil, dada la naturaleza de la oposición: el diablo y sus poderes (11).

Al escribir a una región en que la magia tenía una gran influencia, y donde se conocían centenares de nombres de los poderes malignos, es notable que Pablo no se embarque en una demonología detallada y especulativa. En cambio, utiliza tres términos generales, y uno de ellos (gobernantes de estas tinieblas) posiblemente tuviera, en su forma original, un significado astrológico más específico. Los dos primeros términos son tomados deliberadamente de 1:21, 22, y por lo tanto el lector es reanimado ante la seguridad de que Cristo tiene mucho más poder y autoridad que ellos.

Quien lea cuidadosamente esta carta no tendrá problemas en identificar la naturaleza de la lucha contra estos poderes, ni el contenido de las intrigas del diablo (11). Este quiere separar de Dios a la humanidad por medio de la desobediencia (2:1–3; 4:18b, 19) y por medio de la ignorancia y el pensamiento corrompido (4:17b, 18). Trata de separar a las personas entre sí utilizando aquellos pecados que las apartan como la codicia (4:22, 23), la mentira (4:25), el enojo (que es especialmente relacionado con el diablo en 4:27) y los pecados vinculados con él (4:25–31). Al referirse a los gobernantes como siendo “de estas tinieblas [presentes]“, Pablo hace referencia nuevamente a 5:7–14; y muestra a los poderes como la influencia que lleva al pecado, que es característica de esta era y esta creación, en contraste con la “luz” de la nueva creación venidera. Puede parecernos extraño que estos poderes estén ubicados en los lugares celestiales, pero la expresión se refiere a toda la dimensión espiritual, desde lo que 2:2 llama “el aire” hasta el trono de Dios (y de Cristo) en el “más alto” cielo.

El versículo 13 reitera la necesidad de la armadura divina, si es que el creyente en Cristo ha de permanecer firme ante estos poderes en el día malo. Traducir la expresión como “cuando llegue el día malo” sugeriría el levantamiento final del mal y la tribulación que los escritos apocalípticos judíos esperaban que se produjera inmediatamente antes del día del Señor. Ese concepto, sin duda, colorea la expresión, aunque para Pablo el día ya es malo (5:16); la lucha ya ha comenzado; para permanecer firme, el creyente necesita la armadura ahora. Por eso, en el día malo probablemente incluye el presente, pero particularmente, esos períodos que para nosotros más parecieran compartir la terrible cualidad de ser “el día malo [final]“.

Los Versículos 14–17 repiten “Permaneced … firmes [juntos]“, Pablo inicia la descripción de la armadura en sí. Los lectores gentiles sin duda habrían pensado en el soldado romano, pero Pablo (como en 1 Tes. 5:8) ha formado su descripción principalmente en términos de la armadura de Dios en Is. 59:17 (y la descripción de Dios en Sabiduría de Salomón 5:17–20 es aun más cercana). No obstante, aquí se agregan el cinturón de la verdad y la coraza de justicia del Mesías, junto con su poderosa palabra que trae juicio (Is. 11:4, 5). Todo esto fortalece la afirmación de Pablo en el sentido de que es el Señor el que provee de esta necesaria armadura, a la que da forma su gracia en nosotros. Obsérvese que las metáforas no son rígidas: en 1 Tes. 5:8 la “coraza” es la fe y el amor, mientras que aquí es la justicia.

El versículo 14 comienza con dos términos éticos: ceñidos con el cinturón de la verdad, vestidos con la coraza de la justicia. A juzgar por el orden en que se coloca la armadura, la primera parte del equipo es probablemente una referencia a un delantal de cuero, que se ataba primero bajo la armadura (para asegurar las ropas) en lugar del cinto que cerraba la armadura o el cinto de la espada. La verdad y la justicia frecuentemente se toman como referencia al evangelio y a su ofrecimiento de justicia por fe. Pero las palabras utilizadas aquí (como en Is. 11:5; 59:17) denotan cualidades de carácter y, por lo tanto, van juntas con la “santidad” en 4:24, 25 y “bondad” en 5:8, 9. Pablo dice que el equipo básico de la iglesia para la batalla espiritual es una vida justa e íntegra, y que estas cualidades son efectivas porque llevan la marca de Jesús y de la nueva creación que él trae.

El versículo 15; literalmente calzados vuestros pies con la preparación del evangelio de la paz (obsérvese la alusión a Is. 52:7). Lo que Pablo quiere destacar, aparentemente, es que el calzado prepara o deja listo al soldado para la batalla. Lo que los soldados necesitan en una batalla cuerpo a cuerpo es aferrarse bien, cosa que logran con los clavos que atraviesan la suela, para que las líneas de la vanguardia no sean rechazadas resbalando y tambaleándose, ante el ataque del enemigo. Paradójicamente, es una comprensión profunda y espiritual del evangelio de paz la que provee a la iglesia este pie firme que es la “preparación” o la “disposición” para la batalla que Pablo tiene en mente.

El versículo 16 presenta el gran escudo de madera y cuero con forma de puerta. En la batalla este escudo podía trabarse con otros para formar una pared en el frente y un techo sobre las cabezas. El cuero se empapaba en agua antes de la batalla, y eso tendía a apagar las flechas encendidas. Los escudos hechos puramente de madera se incendiaban y ardían, hasta que quienes los portaban los dejaban caer, presas del pánico. Los dardos de fuego del maligno que Pablo tiene en mente incluirían cualquier tipo de ataque, desde el ataque directo de lo oculto hasta la persecución demoníaca, pero por sobre todo la constante lluvia de tentaciones al miedo, la amargura, el enojo y la división que podían quebrar la unidad de la iglesia. Estos dardos deben ser contrarrestados con fe. La fe en esta carta es esa total apertura a Dios que permite a Cristo habitar plenamente en nosotros, y que produce una más profunda comprensión de su insondable amor (comparece con Ef. 3:17). Armarse con el escudo de la fe sugiere un aferrarse deliberada y firmemente al Dios revelado en el evangelio; una dependencia firme y resuelta en el Señor que apaga los terribles intentos del enemigo que desea dañarnos y provocar el pánico.

En el versículo 17 cuando dice tomar el casco de la salvación (Isa. 59:17), en el contexto de esta carta, es asegurar a nuestros corazones que estamos unidos a Cristo: que ya estamos sentados con él y absolutamente seguros en él (cf. 2:5–8). Nosotros dominamos la plaza fuerte; sólo se nos pide que estemos “firmes”. La última pieza de la armadura que se menciona es la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Esta también parece ser una alusión a Is. 11:4, donde la poderosa palabra del Mesías lleva a cabo el juicio (y la Sabiduría de Salomón 5:20 [haciéndose eco de Is. 16:4, 5 y 59:17] habla de la “cólera inexorable” de la “espada” del Señor). Aquí, entonces, se le da a la iglesia un arma que no es meramente para su defensa, sino para contraatacar a los poderes que atacan. Para contraatacar con la verdad cuando somos tentados personalmente al mal; para contraatacar con la verdad cuando la iglesia es atacada por falsas enseñanzas; para contraatacar con la verdad cuando los poderes tratan de penetrar en el mundo que nos rodea con filosofías y enseñanzas éticas extrañas; y, finalmente, para atacar vigorosamente en pro de la libertad con la valerosa proclamación de la verdad cristiana que Pablo alienta en los vv. 19 y 20. Pero por sobre todo, hay algo que debemos recordar respecto de esta “arma de ataque”: la palabra de ira de Is. 11:4 se ha convertido en el evangelio de paz y amor unificador en Cristo. Y estamos luchando con los poderes espirituales, no con enemigos humanos (12). Nuestro uso de la espada del Espíritu debe reflejar esto, o se convertirá en un arma de las tinieblas, causando en su lugar enemistad y división.

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